miércoles, 13 de julio de 2011

¿Hacer crítica sin alienación?

Una crítica desde la valoración de la autonomía se enfrenta a múltiples obstáculos. Uno de ellos es la alienación, el extrañamiento de lo que somos. Desde cierta izquierda con rasgos de histerismo, la alienación es a la sociedad capitalista. Allí estaría uno de sus límites para pensar en un horizonte más amplio. Ignoran que toda pérdida de nuestra autonomía de pensamiento pasa por redefinir (considerando que las sociedades cambian) fronteras de una moral presupuesta como base del bien. En la alienación, odio y amor están cruzados de representaciones del bien y del mal. La historia prueba qie ambas palabras justifican el uno o el otro. De allí que una teoría crítica fundada en ideas de emancipación del humano debe enfrentarse con fetiches y mitos. La violencia entre individuos buscando su autoafirmación y los colectivos imponiendo su moralidad, es la cuerda extendida por donde se mueve la alienación. Entonces parece serio atreverse a pensar que el problema no es de violencia, sino del tipo de alienación que pone en circulación la destrucción del otro. Interesa, en tal sentido, denunciar y mostrar los efectos del extrañamiento del sujeto para confirmar y, así reconocerse, como objeto de consumo masivo que habla de libertad, pero que carece de ella.