Si leemos la sociedad occidental desde la cotidianidad y su crisis estaremos de acuerdo con algunos aforismos de F. Nietzsche donde anuncia la llegada de la decadencia de la modernidad por vía de su nihilismo o transfiguración de los valores. Es válido referirse hoy al discurso sobre la metamorfosis del espíritu donde éste pasa de camello a león y de éste a niño. Cuenta mucho aquí las imágenes de tal paso, pues el camello es un animal que se arrodilla para que el hombre le ponga carga, similar a los humanos recargados de valores vaciados de contenido. El león por su naturaleza es la fuerza, el depredador cuya especialidad es identificar seres débiles y, el niño es por su esencia amigo de las preguntas y fundador de sus propios valores, de allí lo difícil de su permeabilidad para cualquier contenido educativo y normativo. También M. Scheler intentó construir su propia teoría de los valores opuestos a los idealizados por E. Kant. En estos tiempos postmodernos donde la tecnología de los Robots expulsa a muchos de su lugar de trabajo, llegamos hoy al desafío del espíritu: ¿Qué hacer frente a una cultura política ocupada del desarrollo sin medir consecuencias sociales y a su vez inyectando cada día el vicio de negar la realidad con sus ideologías? Ni Marx, ni Kant, ni Nietzsche se ocuparon de la destrucción del planeta, ese fue asunto discursivo de las religiones: fin de mundo, llegada del salvador, coas como castigo de los dioses. Muerte y resurrección fueron sus conceptos claves y alguna gente siguió esa tendencia. En este siglo donde cierto liderazgo intelectual pareciera andar de vacaciones nos presente el tema promovido por el líder del cristianismo de Roma, el Papa Francisco. La preocupación por el calentamiento global algunos lo asumen como un problema de costos-beneficios donde ciertas empresas se benefician y otras desaparecen. ¿Cuál discurso desde la ciencia-técnica hasta el religioso- político nos devuelve la confianza en la verdad? ¡En verdad es el calentamiento global el primordial problema del mundo globalizado o su decadencia como estilo de vida donde todo cambia? ¿Le preocupa ese debate a los pueblos hoy viviendo el espanto del fundamentalismo islámico de ISIS? La decadencia pudiera reconvertirse hoy en un nuevo concepto para repensar el asunto de los valores, poniendo el énfasis en cuáles devinieron opacos e inútiles y a cuáles darle espacio real. Se pensó que ante la sospecha de que ya los dioses no vigilaban ni castigaban lo dañino del hombre como matar y robar, lo mejor era el uso de cámaras de vigilancia y luego las instituciones se ocupaban de sancionar. Paradógicamente la libertad como conquista y la vida privada fueron afectadas y el uso político-comercial de la información recogida y clasificada por terceros y cuerpos policiales se convirtió en un nuevo negocio. El choque cultural de nuevo regresa entre otorgarle valor de vida a la tecnología o revivir el culto religiosos como idea-fuerza frente a la crisis. El debate no es superfluo pues algo de eso también lo muestran las filosofías y teologías, con el agravante del volumen de información que anda en la red y la dificultad de asimilarla ante la fuerza del hedonismo postmoderno. Atreverse a pensar en estos tiempos pareciera ser una tarea difícil, pero prioritaria. ¡Escoja usted!
martes, 7 de julio de 2015
ESA VIOLENCIA QUE NO VINO DE LEJOS
En Venezuela vivimos una situación que escapa a los paradigmas tradicionales de agresión y violencia, pues una suerte de guerra no declarada, de impunidad, de confusión entre la figura de Estado (presupuesto por la democracia como árbitro de la sociedad) y gobierno decretado (fuera de la Constitución de 1999) socialista y a favor de los pobres. Esta coartada política en el fondo es garantía de la vía expedita de agresión-violencia: la impunidad, práctica garantizada cuando los jueces son nombrados a dedo y si hay concursos son estos de dudosa credibilidad ante la idea de justicia y equidad. Lo cotidiano devino, entre nosotros, espanto, horror y dolor ante un delincuente sin rostro definido y sin lugar de residencia, pues lo anónimo se hizo de las calles y plazas en un decreto de silencio y abuso colectivo. Que a las 6 de la tarde todos aquellos sin escoltas tengamos que enserrarnos en nuestras viviendas no es una invención de los mass-media. Cierto código, casi de origen genético, forma parte de nuestra existencia cruel y sobresale cuando se simplifica al máximo una idea de cultura de la derrota y de una deuda impagable que los colonizadores asumieron y no pagaron. En esa cultura hay de todo: reformistas, revolucionarios, santos, arrepentidos, rencorosos, frustrados, fundamentalistas. No por azar cuando la masa se mueve lo hace movidas por consignas y gritos, como las manadas de lobos y su energía de grupo, He aquí algunas de ellas: <Porque la propiedad existe hay guerras, motines e injusticias> San Agustin. En Paris del Mayo de 1968 se escribieron consignas bien puntuales sobre este clima cultural que en América tuvo sus cultores: <La humanidad no podrá vivir libre hasta que el último capitalista haya sido ahorcado con las tripas del último burócrata> Las palabras no son neutras y en eso de agresión y violencia menos. ¿Cómo cambiar ese estado de cosas reproductor de la violencia? es una reflexión permanente de este Blog. De aquí la intención teórica de hurgar en pensamientos y teorías, no para eliminar algo que es profundamente nuestro, sino intentando regulaciones y controles dentro de una ética de la responsabilidad. Tan complejo como eso, pero hay que atreverse a pensar en otras direcciones. Saque usted conclusiones.
miércoles, 1 de julio de 2015
¿Son lo mismo escuela y educación?
De entrada pareciera que sí y así lo entendieron los modernos intentando recrear la herencia griega de pedagogía e instrucción. Hoy en pleno siglo XXI y, con la digitalización de la economía y por supuesto de buena parte de la sociedad no se observa muy coherente tal supuesto de similitud. No sólo es el asunto de la economía y las profesiones preparando para el trabajo donde habría que hurgar un poco, sino en el derrumbe de fundamentos y valores que cada día observamos. A la escuela se envía al niño con la finalidad, mal entendida, de que se ocupen de él unos profesionales presupuestos para educar, pero esos sujetos sin rostro también tienen averiados sus valores y muchos de ellos incapacitados para que lo que enseñan se refleje como lógica del bien común en sus hijos. Una manifestación visible de que algo allí ya no funciona como pensaron Rousseau, Kant, Descartes, Sócrates y otros del grupo. Crisis le colocaron donde no sé para intentar recortar el mal y darle sentido epistemológico. La palabrita también perdió su magia, desde su origen en el discurso médico, pasando por la sociología y los economistas; éstos casi brujos en eso de diagnosticar el por-venir. ¿Y entonces qué queda para la educación? Pues usted puede egresar de no importa cuál nivel escolar y eso no significa que sea un sujeto educado, si por tal cosa entendemos urbanidad, ciudadanía, ética, moral y comportamiento con sentido estético. Muchos gobernantes , políticos y empresarios con un bulto de títulos y diplomas aún no pasan esta materia. No hablemos de raperos, futbolistas y otras profesiones millonarias. ¿Qué proponer ante ese cuadro? Por lo menos distinguir la diferencia y allí los funcionarios burocráticos de la UNESCO posiblemente no estén de acuerdo pues en el fondo no les agrada saber que en la Grecia de Platón y Aristóteles ese tipo de organizaciones era inútil para hablar de educación y escuela como un todo. La idea cabe en este aforismo: Creer en la filosofía es un signo de buena saludo. Lo que no lo es, es ponerse a pensar. Cioran
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