domingo, 21 de junio de 2015

21-06-15
 De cómo tramita la violencia el discurso religioso
Existe un metalenguaje sobre la violencia que hace aparecer a ciertas religiones, la cristiana por ejemplo, como sinónimo de paz. El mismo circula dejando a un lado un interesante texto cuya identificación es Salmo 137 y dice así: <Junto a los ríos de Babilonia allí nos sentábamos y llorábamos acordándonos de Sion; de los sauces del lugar habíamos colgado nuestras arpas. Y nuestros carceleros nos pedían canciones, nuestros asoladores nos pedían alegría. Cantadnos un cántico de Sion, nos dijeron. ¿Cómo cantar los cantos de Jahveh en tierra extraña? Jerusalem, si llegara a olvidarte, que mi mano derecha se seque; que mi lengua se pegue al paladar si alguna vez no te recuerdo; si no pongo a Jerusalem por encima de toda alegría. ¡Oh, Jahveh! Recuerda los hijos de Edom el día de Jerusalem, cuando decían: arrasadla, arrasadla hasta los cimientos. Oh, Babilonia, que nos devastaste, bendito quien te haga pagar lo que nos hiciste, bendito el que tome a tus niños y los estrelle contra las piedras> Esto data del Siglo VI a. C., y se intuyen imágenes de la representación social de venganza, odio, resistencia y persona humillada. De tal manera que sobre el fenómeno de la violencia hay mucho que decir en este clima cultural postmoderno, más allá de un decreto de paz cuando se mantienen aquellas condiciones de incomodidad para la persona sometida. El debate no se termina.

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