miércoles, 1 de julio de 2015

¿Son lo mismo escuela y educación?

De entrada pareciera que sí y así lo entendieron los modernos intentando recrear la herencia griega de pedagogía e instrucción. Hoy en pleno siglo XXI y, con la digitalización de la economía y por supuesto de buena parte de la sociedad no se observa muy coherente tal supuesto de similitud. No sólo es el asunto de la economía y las profesiones preparando para el trabajo donde habría que hurgar un poco, sino en el derrumbe de fundamentos y valores que cada día observamos. A la escuela se envía al niño con la finalidad, mal entendida, de que se ocupen de él unos profesionales presupuestos para educar, pero esos sujetos sin rostro también tienen averiados sus valores y muchos de ellos incapacitados para que lo que enseñan se refleje como lógica del bien común en sus hijos. Una manifestación visible de que algo allí ya no funciona como pensaron Rousseau, Kant, Descartes, Sócrates y otros del grupo. Crisis le colocaron donde no sé para intentar recortar el mal y darle sentido epistemológico. La palabrita también perdió su magia, desde su origen en el discurso médico, pasando por la sociología y los economistas; éstos casi brujos en eso de diagnosticar el por-venir. ¿Y entonces qué queda para la educación? Pues usted puede egresar de no importa cuál nivel escolar y eso no significa que sea un sujeto educado, si por tal cosa entendemos urbanidad, ciudadanía, ética, moral y comportamiento con sentido estético. Muchos gobernantes , políticos y empresarios con un bulto de títulos y diplomas aún no pasan esta materia. No hablemos de raperos, futbolistas y otras profesiones millonarias. ¿Qué proponer ante ese cuadro? Por lo menos distinguir la diferencia y allí los funcionarios burocráticos de la UNESCO posiblemente no estén de acuerdo pues en el fondo no les agrada saber que en la Grecia de Platón y Aristóteles ese tipo de organizaciones era inútil para hablar de educación y escuela como un todo. La idea cabe en este aforismo: Creer en la filosofía es un signo de buena saludo. Lo que no lo es, es ponerse a pensar. Cioran

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