martes, 7 de julio de 2015

ESA VIOLENCIA QUE NO VINO DE LEJOS

En Venezuela vivimos una situación que escapa a los paradigmas tradicionales de agresión y violencia, pues una suerte de guerra no declarada, de impunidad, de confusión entre la figura de Estado (presupuesto por la democracia como árbitro de la sociedad) y gobierno decretado (fuera de la Constitución de 1999) socialista y a favor de los pobres. Esta coartada política en el fondo es garantía de la vía expedita de agresión-violencia: la impunidad, práctica garantizada cuando los jueces son nombrados a dedo y si hay concursos son estos de dudosa credibilidad ante la idea de justicia y equidad. Lo cotidiano devino, entre nosotros, espanto, horror y dolor ante un delincuente sin rostro definido y sin lugar de residencia, pues lo anónimo se hizo de las calles y plazas en un decreto de silencio y abuso colectivo. Que a las 6  de la tarde todos aquellos sin escoltas tengamos que enserrarnos en nuestras viviendas no es una invención de los mass-media. Cierto código, casi de origen genético, forma parte de nuestra existencia cruel y sobresale cuando se simplifica al máximo una idea de cultura de la derrota y de una deuda impagable que los colonizadores asumieron y no pagaron. En esa cultura hay de todo: reformistas, revolucionarios, santos, arrepentidos, rencorosos, frustrados, fundamentalistas. No por azar cuando la masa se mueve lo hace movidas por consignas y gritos, como las manadas de lobos y su energía de grupo, He aquí algunas de ellas: <Porque la propiedad existe hay guerras, motines e injusticias> San Agustin. En Paris del Mayo de 1968 se escribieron consignas bien puntuales sobre este clima cultural que en América tuvo sus cultores: <La humanidad no podrá vivir libre hasta que el último capitalista haya sido ahorcado con las tripas del último burócrata> Las palabras no son neutras y en eso de agresión y violencia menos. ¿Cómo cambiar ese estado de cosas reproductor de la violencia? es una reflexión permanente de este Blog. De aquí la intención teórica de hurgar en pensamientos y teorías, no para eliminar algo que es profundamente nuestro, sino intentando regulaciones y controles dentro de una ética de la responsabilidad. Tan complejo como eso, pero hay que atreverse a pensar en otras direcciones. Saque usted conclusiones.

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